MI LUGAR SOLAR

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Tengo que estar agradecida por haber nacido donde lo hice, en un pueblo de Badajoz, en Navalvillar de Pela.

Cualquiera podrá decir que Pela es un pueblo sin encanto, feo incluso, sin demasiada entidad histórica, más marcado en realidad por la agricultura de secano que por cualquier otra labor, y como mucho tiznado por el recuerdo de la historia reciente de la guerra civil.

Y, sin embargo, precisamente esa ausencia de lo folklorico, de lo artístico, de lo tradicional, de lo callehistórico, y por otro lado, esa profusion de construcciones anónimas, austeras, que utilizan sin criterio estético, materiales simplemente funcionales, sean de hace medio siglo, sean productos lanzados ayer al mercado, esas afueras del pueblo identificadas no por la tipica degradación de otras poblaciones mayores, sino por la sencilla y paulatina inexistencia de edificaciones, ese ir y venir de maquinas y hombres de todas las edades al campo al amanecer y al ponerse el sol, esas mil chicharras que le ponen sonido al vibrante verano, esas calles vacias todos los días de año que no son fiesta, de puertas cerradas y ventanas entreabiertas, donde puedes escuchar el crujir de tus pasos sobre el cemento del suelo, el roce de tus brazos y piernas con la ropa, y nada mas que eso, precisamente todo esto y algunas cosas más, me hicieron sentir este pueblo como un universo indiferenciado, planetario. Algunas tardes, al contemplar el sol descender, en esa media luz que nos distancia de lo real de la luz del mediodia, podía sentir que era el planeta, y no el sol, el que se movia, y que en ese movimiento se provocaba un sonido suave que no sonaba, que solo se sentía en ese observar el ocaso. Y nada tiene esto que ver con una “vision cosmonauta intergalactica interespacial”, tan sólo con la percepcion de mi cuerpo, ínfimo, sobre un cuerpo celeste rotando y orbitando alrededor de una estrella de cuarto orden. Nada más que eso. Lo que me fascina es que, consciente de que son sensaciones de las que estamos habitualmente desprovistos, las disfrute tan a menudo por el mero hecho de haber vivido toda mi infancia en una población determinada y por las características que la conforman.

calleEn consecuencia, mi percepción del planeta, del sol, del orbitar de aquel alrededor de éste, mi visión de las tierras bajo el sol del mediodía, de las rocas bañadas de polvo seco, mis sensaciones bajo el sol, tienen mucho que agradecerle a Navalvillar de Pela, pueblo con sierra, con secano, con huertos, con rañas, con pantanos, con eriales, con ganado, con cuadras, con batucas, con hogueras de batalla, con fotos de ausentes, con mares de paja.

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